LA NUEVA TACUARA.ANALISIS DEL SOCIALFASCISMO DE IZQUIERDA. por Strategicos.

Publicado en 07/03,2015


La "herencia" de CFK: el poder militante de La Cámpora suma presencia en organismos y empresas clave del país -
Por Patricio Eleisegui



Entidades públicas, compañías de primer nivel, asociaciones, instituciones académicas, agencias de espionaje. Casi no queda dependencia sin injerencia activa de los jóvenes K. Se consideran "guardianes" del modelo y varios, los "herederos legítimos". ¿Cómo recluta jóvenes la organización?


"Están en todos lados". Esta es la frase que repiten empresarios, dirigentes, funcionarios, analistas y politólogos cuando se les consulta por la agrupación La Cámpora.

Y después de la confirmación de que los dirigentes de esta agrupación jugarán un rol preponderante en el Congreso que surgirá de las próximas elecciones, quedó flotando en el ambiente la duda de si habrá que empezar a tomar más en serio a este grupo juvenil.

A fin de cuentas, de allí están saliendo los "cuadros" que manejan resortes sensibles del Estado y de la economía nacional.

Para algunos, soldaditos de la revolución imaginaria; para otros, herederos del modelo K. Están lo que los definen con jóvenes con nobles ideales y con ganas de cambiar el país.

Lo cierto es que la llamada militancia K despierta todo tipo de pasiones encontradas en la población.

Más allá de los amores y odios que genera, algo que nadie puede negar es la fuerte expansión que ha tenido en los últimos años y la red que ha tendido sobre organismos públicos, empresas e instituciones educativas para ocupar cargos decisorios.

Cristina no cesa de elogiarlos en público y hasta se muestra cada vez más dispuesta a cederles protagonismo político a estos jóvenes que tomaron la posta de lo que fuera la "juventud maravillosa" de los ‘70.

Ellos se autodefinen como "soldados del modelo" que están apostados en la trinchera dispuestos a "dar la vida, literalmente por Cristina", como asegura el diputado Andrés "Cuervo" Larroque, líder de los jóvenes K.

Incluso, muchos camporistas se quedarán "custodiando" el modelo cuando Cristina ya no esté en el poder. Esto explica en parte el "apuro" por nombrar "gente de confianza" en puestos clave.

Por aquí, por allá y por todos ladosUna de las últimas incursiones en organizaciones trascendentes tuvo lugar hace unos días.

En este caso, el rol protagónico quedó para Anabel Fernández Sagasti -designada al frente de la Comisión de Juicio Político- un cargo en la Cámara de Diputados al que la abogada, de tan solo 30 años, accedió de forma repentina.

Por cierto, no ha sido la única tarea que le fuera encomendada. En sólo tres meses logró acumular tres posiciones de vital importancia: la titularidad de la Comisión de Legislación General y la representación de su bloque en el Consejo de la Magistratura, que se suman a la anteriormente mencionada.

Cercana al "Cuervo" Larroque, la funcionaria se muestra como una ferviente defensora del legado de Néstor Kirchner, además de reivindicar en todo momento su pertenencia a la juventud K.

Sagasti ya viene dando muestras de lealtad al modelo. La organización salvó del jury a los jueces federales Norberto Oyarbide y Daniel Rafecas por presunto mal desempeño.

Casi no han quedado organismos de relevancia sin la presencia de la agrupación camporista que, por cierto, formará parte de la "herencia" que deje Cristina tras el 10 de diciembre.

En otro orden, alrededor de 300 militantes K pasaron a cumplir funciones en la flamante Agencia Federal de Inteligencia (AFI) creada tras la disolución de la SIDE.

Paradójicamente, la incorporación masiva a esta institución forma parte de lo que el Gobierno denomina "democratización" de los servicios de espionaje.

A la par de esta incursión, el Ejecutivo estableció por decreto la creación de la Autoridad Federal de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (AFTIC).

¿De qué se trata? De una agencia que regulará las telecomunicaciones. Como era de esperar, será manejada por otro dirigente de La Cámpora, Norberto Berner.



La flamante AFTIC dispondrá de un presupuesto de unos $15.000 millones y sumará a sus filas más de 20.000 empleados.

Vale resaltar que no fue establecido sistema de concurso alguno ni para los directores ni para el resto de las autoridades.

Se prevé que La Cámpora -como ya ocurrió en otros entes gubernamentales- inundará de militantes la nueva AFTIC, luego de que el decreto presidencial faculte a esa autoridad a "ampliar su dotación inicial" (artículo 34).

Otra espaldarazo de CFK al movimiento fue la designación de Eduardo "Wado" De Pedro -uno de los principales referentes de la juventud K- como secretario general de la Presidencia.

En mayo de 2014 había sido nombrado vicepresidente del Partido Justicialista nacional en el congreso partidario. También fue ungido con el cargo de apoderado del PJ bonaerense.

Este movimiento fue precisamente el desembarco formal de La Cámpora en el Justicialismo.

Presencia en empresasLa agrupación es una especie de "pulpo" con tentáculos desplegados tanto en dependencias públicas como en el sector privado.

"Hoy día nadie sabe cuál será su techo. A juzgar por el entramado que ha desarrollado, todo indica que el intervencionismo de los K en las empresas está asegurado por unos cuantos años. Incluso con Cristina fuera del poder", afirma una fuente que pidió no ser nombrada.

Se estima que La Cámpora controla o administra (de modo directo o indirecto) una caja superior a los $40.000 millones.

Esto, potenciado por el envío de fondos públicos a muchas de ellas, como es el caso del Instituto Nacional de Promoción Turística (Inprotur, la agencia de noticias Télam, el Registro Nacional de Armas, Dirección Nacional del Automotor y Créditos Prendarios, Pami. Anses, Ministerio de Justicia y DDHH, Fabricaciones Militares o Aerolíneas Argentinas, por citar sólo algunos pocos ejemplos.

Su gran irrupción en las empresas privadas tuvo lugar cuando el Gobierno le asignó a la militancia la misión de ocupar sillas en el directorio de las principales compañías del país, tras la estatización de las AFJP.

Cabe recordar que al pasar el régimen de jubilaciones a manos de la Anses, la administración kirchnerista se hizo de las carteras de acciones que hasta ese entonces eran manejadas por las administradoras privadas.

Esto habilitó al Ejecutivo a colocar a un integrante en más de una veintena de compañías en representación del Estado.

Así, pasó a participar en unas 42 empresas a través de la Anses y en 37 de ellas cuenta con más del 2% del capital, cifra que habilita al Gobierno a tener injerencia sobre cada una de las mismas.

Llegado el caso, hasta puede remover el directorio. Es que con los cambios introducidos a la Ley del Mercado de Capitales, una simple orden judicial alcanza para poder argumentar que se vulneran derechos de accionistas minoritarios.

Por lo pronto con el fin de las AFJP, la militancia K encontró "pista" para estar presentes en:

• Telecom
• Banco Macro
• Galicia
• BBVA Francés
• Molinos
• Petrobras
• Consultatio
• Gas Natural Ban
• Transportadora Gas del Sur
• Transener
• Endesa Costanera
• Camuzzi Gas Pampeana
• Cresud
• Aeropuertos Argentina 2000


En marzo de 2011, La Cámpora también desembarcó en Siderar, la siderúrgica del Grupo Techint, con la llegada de Axel Kicillof al directorio de la firma en reemplazo de Aldo Ferrer.

También está presente en el directorio de Aluar, el mayor fabricante de aluminio de la Argentina.

Por si esto fuese poco, dejó además su huella en la Corporación Puerto Madero, firma que administra la zona inmobiliaria más cara de Capital Federal. En este sentido, se destacó la participación de la militante Paula Español.

En el negocio aeronáutico, la agrupación tiene amplio control sobre Aerolíneas Argentinas y Austral, como así también en varios aeropuertos del país.

La organización también posee el manejo de Intercargo, la empresa que se ocupa del traslado de equipajes y de la disposición de rampas para el descenso de los pasajeros, entre otras tareas.

La Cámpora "todo lo puede". Y por eso también controla el Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (ORSNA).

Su presidente es Gustavo Lipovich, que responde a Mariano Recalde, titular de Aerolíneas Argentinas. A través de la ORSNA, maneja una caja anual de más de $400 millones, aunque la dotación de empleados del ente es escasa.

La Cámpora también pisa fuerte en el terreno de la seguridad en aeropuertos a cargo de la firma High Assistance Services (HASS, perteneciente al Grupo Securitas).

La organización también maneja FADEA, la fábrica de aviones de Córdoba a través Matías Savoca, un activo militante, ex director de Negocios en Defensa y Seguridad de Fabricaciones Militares.

La lista sigue. El área energética está "bien cuidada" por Juan Manuel Abud, que es el CEO de Cammesa. En paralelo, el también militante K Juan José Carbajales es el director de ENARSA.

Además, La Cámpora puede "espiar" los balances de cualquier empresa del país, ya que tiene bajo su control a la IGJ (Inspección General de Justicia), dominada por Diego Martín Cormick, que responde a Ernesto Kreplak.

Desde 2012, Kreplak es titular de la Subsecretaría de Coordinación y Control Registral, que monitorea al organismo.

La lista K incluye al Banco Nación, presidido por Juan Carlos Forlón, un íntimo amigo de Máximo Kirchner.

Antes, había logrado el cargo de presidente de Nación Seguros. Lo curioso -señalan desde la city porteña, es que Forlón carecía de antecedentes en el manejo de empresas.

Yo quiero mi remeraLa militancia K está lejos de ser un puñado de jóvenes rebeldes. En sus filas ya cuenta con más de 60.000 integrantes y representa hoy día el principal "semillero" del oficialismo a la hora de marcar presencia en distintos sectores.

Ingresar a La Cámpora es muy sencillo. Sólo basta con completar un formulario a través de la página web con una serie de datos personales para que un responsable de encuadramiento se comunique con el interesado y le informe cuál es la unidad básica más próxima a su domicilio:



También es posible acercarse personalmente a una de las agrupaciones para anotarse. Más allá de los trámites, la alternativa que más engrosa el número de participantes es la del boca a boca.

Los militantes son en su mayoría jóvenes de diferentes estratos económicos y sociales, pertenecientes a diversos orígenes políticos.

El único requisito para enlistarse en las filas encabezadas por Máximo Kirchner es "apoyar el modelo".

"Hay mucha diversidad entre los compañeros. Hay comunistas, peronistas, gente de izquierda, algunos de derecha", señala el camporista Ariel L. y agrega: "Yo, por ejemplo, no soy peronista, soy kirchnerista".

Los militantes aseguran que no hay una bajada de línea explícita aunque la coincidencia de opiniones no es casual: "Cuando te ponés la camiseta de La Cámpora vos respondés a una ideología", afirma Ariel.

Y completa: "Afuera de la organización yo puedo decir lo que quiera, pero desde mi lugar de militante no puedo expresar algo que vaya en contra de la línea ideológica".

La remera, el símbolo del padrinazgo político, se hace esperar.

No se la entregan a un militante hasta que logran conocerlo bien para evitar que cualquier acto inapropiado sea asociado con el movimiento. De esta manera, buscan "cuidar la imagen" de la agrupación juvenil.

Más allá de la defensa de la militancia "desinteresada", lo cierto es que estos jóvenes se adueñaron de cargos estratégicos en el Congreso, en ministerios y en empresas públicas.

El politólogo Artemio López considera que el idealismo y la ambición por ocupar cargos no son dos sentimientos incompatibles: "Representan un gran hacedor de cuadros de gestión y en términos de construcción del proyecto político, es formador de burocracia estatal".

Por su parte, el analista Jorge Asís advirtió que es un error político tomar a La Cámpora como un fenómeno pasajero. En su visión, los dirigentes de esta agrupación pueden ser quienes tomen las riendas del Estado dentro de dos elecciones, cuando ya hayan sumado experiencia en la gestión.

El propio "Cuervo" Larroque se encarga de dejar en claro el rol que imagina para La Cámpora en el futuro inmediato: "Por supuesto que queremos cargos, queremos desde el Gobierno hasta el último pueblo de la Argentina", afirmó en un acto de campaña. Y agregó: "Necesitamos cuatro años más... ¡y cuarenta años más también, compañeros!".



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