HACIA UN NEOFRONDIZISMO? analisis de Edgardo Arrivillaga.

Publicado en 08/10,2015

EL HEROE DE TODAS LAS TENDENCIAS-SCIOLI- ES EL IMPOSTOR DE TODAS


Al calor de la campaña electoral, y por dimes y diretes entre Macri y Kirchner yla irrupcion de Sergio Massa, se reavivó el viejo debate de cuales empresas son mejores, las públicas o las privadas.El debate no es menor porque el kirchnerismo se ha especializado en definirse como creador de burguesías nacionales, forjador de líneas rectoras desarrollistas poco percibibles y -al tiempo- la recreación de un mercado interno que ya carece no solo de escribidores sino también de elemental sustentabilidad. Solo de cleptomanos. Jibaros sudamericanos de Boris Yelstsin.

Trataremos de aportar algunos elementos que permitan analizar semejante tema, más allá de la vicisitud sufragista.

Lo primero que recordaremos es que en el siglo pasado asistimos al mayor modelo de estatismo casi total, que fue el caso de la URSS. Allí el Estado fabricaba y comerciaba todo. Terminó en un fracaso total, monumental como Rusia. El modelo que quería superar para siempre las crisis periódicas y típicas del capitalismo, se hundió en un barrial de ineficiencia, pobreza general, privilegios para la Nomenklatura y carencias y humillaciones de todo tipo para el pueblo. Fue la negación total de la utopía marxista, que postulaba el crecimiento indefinido del bienestar popular, expropiados los egoístas burgueses. Cuba siguió el modelo, con resultados peores. Y China, hasta Deng, padeció lo mismo. Ahora no, porque sutilmente se convirtió en el ejemplo de capitalismo estatal más exitoso del mundo.

Primera constatación: el estatismo marxista no anduvo.

Por contraste, el Consenso de Washington, que preconizó el privatismo extremo, también su fracaso fue mucho, aunque no tanto como el extinto comunismo al que se presentó como alternativa.Y ahora veremos porque.

Paul Samuelson dijo, en frase famosa, que para que la economía funcione,

para aplaudir su éxito, se necesitan dos manos: el Estado y las empresas privadas.

Por ahí corre el río, por el medio, por la mezcla adecuada. Teniendo en cuenta que en casi todas las partes del mundo existen Naciones-Estados, hay que ver como se las arreglaron para lograr la armonización. En Somalía no existe el Estado, hay poderes regionales: el de los piratas de la costa, algunos en el interior, en fin, otras voces, otros ámbitos.

La Argentina dejó de ser una economía hispanoamericana pobre y aislada desde la primer presidencia de Julio Roca, aunque el proceso se esbozaba unos años antes. A partir de 1880 se produjo un proceso impresionante de incorporación de capitales extranjeros, tecnología y población superior al australiano. Mientras las condiciones internacionales fueron favorables, todos aplaudían, pero cuando la crisis de 1930 cambió drásticamente el comercio internacional, resurgió el malsano pensamiento de “arreglarnos con lo nuestro”, del cual el primer gobierno peronista fue paradigma exitoso y a la vez señaló el límite, su techo. En 1955 faltaba de todo: electricidad, petróleo, gas, teléfonos.

El nacionalismo estatista no logró reunir el capital ni acceder a la tecnología necesarias para dotar al país de los servicios básicos imprescindibles para que una economía crezca. Y desde 1955 hasta Menem la situación no cambió, excepto el autoabastecimiento petrolífero logrado parcialmente por Frondizi-Frigerio. La mesopotamia no tenía puentes que la unieran por carretera al territorio, hasta Onganía. La red vial era la que Justo había tendido en 1935. El país atrasaba treinta años.

Menem adhiere al Consenso de Washington, y después de un gerente de Bunge y Born que se murió de espanto y de su pariente Herman González, nombra a Domingo Cavallo ministro de Economía. Y ahí se privatizó todo, rapidísimo y mal, en general. Repsol pagó YPF con las ganancias de cuatro años. Las telefónicas ganaron una fortuna con las comunicaciones urbanas, invirtiendo moderadamente. Los ferrocarriles fueron desguazados y los usuarios del AMBA viajan hoy peor que las vacas a Liniers. Las aerolíneas dan pérdida en el mundo entero, pero las nuestras terminaron siendo una décima parte de las de Brasil. Con la electricidad y el gas se aplicó un esquema novedoso, dividiendo generación, distribución de larga distancia y provisión domiciliaria que funcionó bastante bien, sin ganancias excesivas y hasta con pérdidas, como el caso de las generadoras eléctricas. Los franceses erraron los números con OMS y terminaron yéndose pleiteando. Quede para otra ocasión el análisis particular. Por eso generalizar es erróneo. Cada servicio público es diferente y es cuestión de especialistas.

Los gobiernos posteriores a Cavallo no alteraron la situación. Incluso el actual, que limitó la superganancia petrolera, solo fue tomando el control de las empresas que se cayeron, como el Correo Argentino, Aguas Argentinas, Aerolíneas-Austral y algunas concesiones ferroviarias urbanas. Nadie sabe a que costo y con que futuro. Misterio.

Las inversiones extranjeras que trajo el Consenso caído en desgracia no volverán jamás. Eso ya fue. Las que están son capitales “hundidos”, como dicen los norteamericanos. Se resignaron a cualquier destino, aunque defienden lo suyo, naturalmente.

Atisbando el futuro desde la historia nacional, desconfiamos profundamente del Estado administrador sin controles y aún más del inversor.

El capital extranjero, pese a la retórica seudonacionalista del gobierno ya es dueño de tres cuartas partes de la Argentina productiva, hecho capital –valga el retruécano- completamente olvidado por la clase política entera. Nada se dice de la ganancia record mundial de la banca y el supermercadismo, que es girada puntualmente a sus casas matrices. Ni de la industria automotriz. Pareciera que esas ramas son “buenas” no solo para el gobierno, sino para los políticos en general.

Destacamos la diferencia esencial que existe entre los servicios públicos y las otras empresas de bienes y servicios, destacando que el actual gobierno hizo muchísimo ruido con los primeros y tendió un telón de silencio sobre las otras inversiones. El porcentaje de las empresas extranjeras en el PBI creció estos cinco años, porque actúan en los sectores más dinámicos de la economía. Es difícil calificar la política seguida por el gobierno actual, debido a los contrastes paradojales en que incurrió. Estatizó cuando resultó inevitable. Clavó las tarifas de los servicios públicos hasta casi regalarlos. Fue pasivo con el avance inversor brasileño, sin luchar por simetrías. Enfrentó a la Shell con Luis D’Elía, siendo esta petrolera una empresa destiladora y minorista de segundo rango en el país. No puso freno a la expansión del hipermercadismo, inconveniente por donde se lo analice. Pague el lector los medicamentos. Fomentó la inversión minera canadiense. Consolidó la hegemonía de la banca extranjera, que no recibe depósitos ni hace préstamos. Subsidió paroxísticamente al transporte de pasajeros del AMBA, abandonando a su suerte a las ciudades del interior. Pareciera tener vocación de salvataje in extremis de toda gran empresa que se cae, como lo demuestra el reciente caso de General Motors de Argentina. Facilitó originalmente la llegada de Enrique Ezkenazi y todo lo que representa a Repsol-YPF, preanunciando tal vez la toma de una empresa que España ordeño hasta convertirla en una vaca vieja.

El pretendido modelo no se ve usando microscopio electrónico ni telescopio Hubble. El tal modelo son solo palabras, frases cambiantes al compás de los hechos mediáticos. Macri tiene razón al sostener que Aerolíneas es otra sangría del presupuesto nacional, una empresa que solo beneficia a los gremios. Kirchner acertaba cuando afirmaba que solo puede ser estatal, pero no decia que no existe comprador. Ambos erraban al invocar los fantasmas del pasado. La empresa es un desastre, sin aviones y con el triple de personal necesario para funcionar. Desconfiamos del amanerado ex intendente de La Plata Julio Alak como administrador. Es actividad para especialistas refinados.

Doce años sobran para definir políticas hacia las inversiones extranjeras y los servicios públicos y hoy solo advertimos confusión, vacilación, capricho. Si el gobierno decidiera erigir al Estado nacional como el principal o exclusivo inversor, debiera definir en detalle una estrategia general y sectorial, proponer las leyes necesarias y decir al mundo cuales serán las reglas de tratamiento de la inversión.

Estamos en contra tanto de las hiperganancias del privatismo menemista como del ya antiquísimo estatismo ineficiente y deficitario. Las soluciones mejores corren por la definición de mecanismos modernos de inversión, que protejan al usuario o consumidor nacional, al país como tal y al inversor extranjero que modere su ganancia a cambio de seguridad.

Mediáticamente puede ser tentador recurrir a la memoria histórica del pueblo, pero no es serio, porque lo que hay es el presente difícil y un futuro incierto, dada la crisis mundial. Lo peor es no actuar en momentos donde la decisión cotidiana es crucial. No es serio pregonar un modelo de economía “nacional y popular”, en un mundo global que se empeña justamente en lo contrario. Cada país debe definir hoy su modo de capitalismo. Si China, Rusia, Brasil, Irán lo lograron, porqué vivimos exhumando cadáveres ?

Simplemente no podemos vivir de lo nuestro, como dice el maestro Aldo Ferrer, desde su edad y experiencia. No tendremos siquiera carne, harina ni manteca nacionales.

Lord Keynes recordó, en su época, que una mano era la estatal. Pero si algo tuvo el capitalismo desde su origen fue la capacidad de superar sus crisis, por más profundas, crueles y prolongadas que fueran. De la actual, gravísima, también se saldrá, pagando los costos que sean necesarios.

En cambio, el comunismo-ese otro lado del espejo del sistema productivo mundial ,hasta hace solo unos pocos años -murió para siempre.



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