APAGON. Por Edgardo Arrivillaga.

Publicado en 10/13,2015

El inmenso apagón que afectó al barrio de la Recoleta y al Barrio Norte hizo trizas, como una porcelana Ming, a las especulaciones de consenso electoralista ampliamente desarrollado por los medios y que anticipaban idílicamente una transición pacífica y ordenada sea cual fuere la formación política vencedora.
Hasta ahora las cosas venían bien, o más o menos bien en términos relativos. Tres formaciones políticas de centroderecha convenientemente disfrazadas competían por las elecciones del próximo 25 de octubre. El Frente para la Victoria, con su candidato Daniel Scioli, tenia el clásico doble discurso que desarrollan los gobiernos transicionales. Un discurso para Pan American Energía, British Petroleum, Panedile, el grupo Fiat y todo ese grupo de empresas multinacionales que revelan la absoluta insuficiencia de la burguesía industrial argentina para convertirse en un factor genuino de poder. Simultáneamente, el candidato Scioli ejecutaba guiños para la platea que está bien nutrida. Es una platea de Montoneros reciclados, de erpianos que ya fracasaron en su intento de asesinar físicamente a Juan Domingo Perón, lo lograron en Asunción con un comando dirigido por Gorriarán Merlo, toda esa pandilla derecho humanoide de cínicas almas bellas que no solo carecen de la ejecutividad de GRU, la inteligencia militar moscovita, sino que se repliegan sobre beneficios, adulteraciones, cifras falsas, y lo puedo demostrar, para convertirse en fiscales auto designados de una sociedad pútrida, decadente, que a este ritmo se acerca rápidamente a su disolución.
El segundo candidato, es el ingeniero Mauricio Macri, un centro derechista desesperadamente disfrazado de peronista. El acto del 8 de octubre y la inauguración del monumento a Perón contrastaban exactamente con la verborrea artificial de Macri y la presencia de figuras olvidadas como Eduardo Duhalde y el dirigente agrario, tal vez el más genuino de todos, Momo Venegas.
Desesperado, el viejo decano de los periodistas de Casa de Gobierno, Roberto Di Sandro, correteaba autoinflamándose con la consigna de que los peronistas debían estar allí, pero éstos ostensiblemente habían preferido obviar el convite de Macri, Ritondo y algún otro personaje menor de ese espectacular circo escenográfico que ha transformado al Pro en Cambiemos y posteriormente en algo más parecido a Paulo Cohelo que a la conducción política del viejo profesor de Historia Militar de la Escuela de Guerra que tampoco hubiera aplaudido ese homenaje.
"Quiero que los aplausos me los den en vida, no voy a aceptar que ningún árbol me tape el horizonte y los movimientos revolucionarios que no aceptan sus propias disidencias internas estan condenados a la disolución y jamás podrán hacer una revolución", sostenía con crudeza el homenajeado.
El tercer contendiente es un personaje interesante porque reivindica tres elementos del ideario que comenzó con la revolución de 1943 para entronizarse el 24 de febrero de 1945. Efectivamente, Sergio Massa implica un desarrollismo frondizista por derecha, la reubicación de las Fuerzas Armadas coadyuvantes en el apoyo efectivo contra el narcotráfico, el verdadero enemigo argentino en este siglo, y el factor educacional como palanca revolucionaria de ascenso social como ya se hizo en la Argentina anteriormente, sea con los conservadores, con el peronismo y el frondizismo para luego diluirse en la división administrativa del país ejecutada por las propias Fuerzas Armadas que pretendian una Segunda República.
En eso Massa, que tiene menos posibilidades de votos, es el candidato más interesante. Su masa de votantes es el equivalente de lo que fueron los votantes peronistas operando a través del voto en blanco, de siglas como la de Atilio Bramuglia y Tecera del Franco en los duros años de la negociación, la represión y finalmente el frentismo de la Hora del Pueblo que culminó en el Frejuli.
Pero para esta división de la ciudadania argentina masiva en tres espacios de derecha hacen falta algunos presupuestos que paradójicamente la propia oposición al sistema de poder kirchnerista, que incluye al propio Scioli, pese a que no lo demuestre -está mas cerca de Urtubey que del señor Axel Kiciloff- permita esa sosegada transición.
Todos los observadores saben que el mundo real aplastará los devaneos tercermundistas ya superados simplemente porque los macacos del kirchnerismo y sus falsos apóstoles están contra las cuerdas. Y en esta curiosa situación, el ingeniero Macri es un dubitativo personaje que lo acerca a la Unión Democrática de 1945. El señor Scioli tiene las cosas más claras, carece de tonalidades éticas y todo el problema consiste en saber si podrá con simples actos administrativos desmantelar la ensalada kirchnerista que lo circunda. Esto último está por verse. Finalmente, Sergio Massa, con sus 43 años, está más cerca de ser ejecutivamente un Kirchner por derecha de lo que la gente cree. Hace algunos años, Vicente Massot y Carlos Manuel Acuña plantearon la viabilidad de la transversalidad de la derecha. Kirchner es un prusiano, me señalaron, y nos gustaría tenerlo pero de nuestro lado.
Fatalmente la situación se complicará en los proximos días tanto por obra de la incapacidad administrativa de los macacos como por las profundas diferencias no solo ideológicas sino por la apetencia de poder que los separan. Curiosamente el proceso militar en su última etapa aniquiló el futuro convirtiendo en elementos juveniles a gente como Kunkel, Bonasso o el propio Verbitsky, y, en una jugada casi de pirueta o de truco de espejos, estos últimos aniquilaron brutalmente el pasado.
Filicidio y parricidio son los dos elementos constitutivos que impiden cualquier salida medianamente democrática en la Argentina. Si fracasa una vez más la política, pese al exceso de políticos, el próximo gobierno sera inevitablemente sietemesino. Entre tanto, esperemos que llegue la luz.


Comentarios

Añadir Comentario