ELECCIONES ARGENTINAS, VIAJE DE UNA LARGA NOCHE HACIA EL DIA. Por Edgardo Arrivillaga

Publicado en 10/26,2015

Ayer 25 de octubre los argentinos sepultaron al proyecto kirchnerista enviando derechamente a la envejecida Cristina Kirchner al escueto basurero de la Historia. Esto se debió a un interesante juego de estrategia política que convirtió a Mauricio Macri en el ala liberal conservadora y aperturista de la coalición Cambiemos, y a Sergio Massa virtual representante tanto del nuevo partido militar que nada tiene que ver con las exequias del viejo, y paralelamente a un frodizismo desarrollista de derecha que recicla simultáneamente el viejo peronismo protoduhaldista que poco tiene que ver con el esquema bolivariano desarrollado en Sudamérica en los últimos años.

Ahora, tanto Macri como un lamentable Scioli, que no tuvo el coraje ni la dignidad de afrontar a sus propios seguidores, deberían competir por ser el atractor del voto independiente. Ocurre que el voto independiente no existe. La sociedad argentina ha repudiado en masa pese a la dispersión aparente de la oposición al proyecto socialfascista encaramado en torno a una presidente dogmática, escasamente política y anclada a todos los tics de la generación de los 70 que ayer la ciudadanía, con un tremendo crecimiento exponencial de jóvenes, resolvió pasar al invernadero de la historia.

Ahora el candidato Scioli, groggy y herido como un borracho lastimado, propone algo tan inverosímil como un debate. ¿Para debatir qué, exactamente? Ya el debate se dio ayer en las urnas y el electorado argentino, incluso el peronista, arrebató vastas porciones del país, incluso la decisiva provincia de Buenos Aires, al protofascismo encarnado por la presidente. La respuesta del mercado hoy ha sido inmediata. Las acciones argentinas subieron, el riesgo país bajó y el dólar comenzó un suave proceso de estabilización, Atrás de todo esto se advierte la mano invisible de Domingo Cavallo, el asesor secreto de la futura economía macrista. Quizá sea éste el problema mayor de la futura alianza entre macristas y massistas. Roberto Lavagna y Aldo Pignanelli son opositores al gobierno económicamente ultraliberal, en realidad fue una heterodoxia controlada como lo recuerdan los viejos compañeros del Comando Tecnológico Peronista que supieron nuclearse en su momento en torno a ese fallido experimento que fue Acción por la República.

Pero ahora los problemas, gracias al kirchnerismo, se han agudizado pese a los escamoteos del INDEC y a la promoción de la ciencia y la tecnología –tal vez el único logro importante que quedará del kirchnerismo-. Las dificultades se concentran en la desocupación informal -los países bolivarianos nos han llenado de inmigración de baja calificación, pero por algo vienen a la Argentina- y sobre todo el problema deletéreo del narcotráfico, la segunda o tercera economía mundial después de la prostitución, la trata de personas y el juego. En palabras simples, como ataúdes tallados a mano, las coincidencias entre el conservadorismo progresista de Mauricio Macri y el nacionalismo populista de Sergio Massa no son irremontables. Ambos tienen un enemigo común que es la fractura entre los argentinos desarrollada por los intelectuales de Carta Abierta y otros cenáculos que destilan ideas perimidas, como las de Toni Negri en el viejo ateneo Hiperyon que operaba clandestinamente en París.

En verdad Cristina Kirchner es una pésima administradora de recursos humanos, y al elegir a Carlos Zannini como su subproducto ideológico y a Aníbal Fernández como herramienta política, en verdad un virtual López Rega agazapado para concretar un eventual golpe institucional ante una crisis social mayúscula, ha perdido sobre dos bandas.

El macrismo con la figura juvenil, rozagante y plena de energía de María Eugenia Vidal se ha adueñado de la provincia y al mismo tiempo ha pasado a pensión a esos artríticos personajes que son Hebe de Bonafini, Estela Carlotto y la pandilla de almas bellas que han lucrado con los beneficios del estado desde 1982. Aníbal Fernández advirtió la situación cuando señaló que se dedicaría a la profesión, tiene dos, una de abogado y otra de contador, afirmando vagamente que su derrota obedecía a una corporación mediática integrada por Jorge Lanata, el grupo Clarín y el veterano diario La Nación. Esta explicación circula en el funcionariado y en esos rídiculos personajes como Axel Kiciloff, que sólo sirven para escribir malos libros pero son incapaces de ganar una elección interna universitaria, que se aferran desesperadamente a estas ideas. Olvidaron simplemente al ciudadano que ayer tenía dos objetivos en su mente: la batalla épica de Los Pumas contra Australia en la capital londinense del rugby, y luego las elecciones nacionales que le permitieran sacarse de encima a estos prestidigitadores de los falsos derechos humanos que acunó Néstor Kirchner como presidente trabajador y obsesivo ultimado en una oscura reyerta familiar.

Pero hay más. Esta victoria de la oposición argentina liberal, nacionalista y republicana a la vez volverá a repetirse con mayor fuerza el próximo 22 de noviembre. El último y desesperado intento del kirchnerismo consistirá en trasladar el eje del poder hacia una república semi parlamentaria, ya que han perdido la hegemonía en el Poder Ejecutivo provincial y probablemente lo harán también en el nacional.

Sin embargo, no hay tiempo para esto. No se puede crear una reforma constitucional por decreto de necesidad y urgencia en 20 días, ni tampoco las fuerzas políticas lo aceptaran. En este caso la figura que se ha inmolado por defender postulados absolutamente anacrónicos es Daniel Scioli, un liberal disfrazado de izquierdista. El genuino liberal progresista pero a la vez conservador sería lo que en la tradición política argentina se llamaban los iluministas progresistas. Es justamente Mauricio Macri, permanente habitué del Círculo de Economistas de Davos en Suiza.

A su derecha, con darle posibilidades de brutal extirpación a las lacras camporistas, se encuentra este joven de 43 años, hijo de albañiles emigrados de Carrara, que se llama justamente Sergio Massa. La capacidad de flexibilización junto con su decisión de cortar cabezas auguran mejores tiempos en la Argentina.

Otro de los elementos fundamentales será la Cancillería , inexistente por obra de Héctor Timerman, peor canciller que Taiana, y el escándalo de los servicios secretos que ha enajenado a todo el periodismo, no sólo a la llamada corporación, contra un gobierno presuntuoso, perseguidor e implacable. Por lo tanto más cabezas irán gradualmente deslizándose hacia el basurero de la Historia.

Han durado demasiado.

Normal 0 21 false false false ES-AR X-NONE X-NONE


Comentarios

Añadir Comentario