LO QUE SE ESCONDE DETRAS DEL ISIS. Por Edgardo Arrivillaga.

Publicado en 11/19,2015

La guerra revolucionaria que está sufriendo Paris y Europa en su conjunto, la NATO tiene en estado de alerta a sus tropas, es la consecuencia directa de la vulnerabilidad de los regímenes árabes cuyos jóvenes, los nuevos naranjas mecánicas del siglo XXI, han optado por activar sus células dormidas, ya que conforman un ejército clandestino con ramificaciones durmientes.

Esto no es casual y lleva largos años, desde la magistral resolución del conflicto argelino por parte del general Charles de Gaulle y del accionar de grupos muchas veces foráneos interesados en acentuar la diáspora del mundo árabe agravada por las dos guerras del Golfo, sobre todo la segunda que destruyó a países como Irak que eran la Alemania del mundo árabe, para instalar en su lugar virreinatos militares penosamente implantados por los americanos en Irak, Kuwait y Libia.

La situación actual es lo que en términos de polemología política se llama simplemente daños colaterales de contragolpe. Cuando la irresponsabilidad de Paul Brenner disolvió el ejército y la policía iraquí, este cronista entendió que los dados estaban echados. Y cuando la marinería americana sustrajo las enormes piezas esculpidas del León de Bagdad, con sus cinco patas alzadas en posición rampante para mantener el equilibrio de una perspectiva desde todos los ángulos, y simplemente venderlas en el mercado negro norteamericano, ya se vio que los muchachos de Texas y Nebraska no tenían la menor idea de la historia ni de la civilización a la cual destruyeron.

La ruptura de Irak con su parcelación entre chiitas y sunitas abrió el camino estratégico al juego iraní y consecuentemente a las apetencias turcas que incluyen al Kurdistán. No es la primera vez que Occidente trata de intervenir en los problemas árabes, recordemos el Tratado del Trianón de 1921 que dio origen a dos países artificiales, Irak y Siria, liderados por un mismo partido político, el Movimiento Nacionalista Baahts bajo la inspiración de Michel Aflack, que originó una larga guerra fratricida. Sobre todo esto giraban los intereses petroleros británicos y holandeses, especialmente la Ducht Oil Co. cuyas apetencias abarcaban también Angola y Mozambique.

Lo que está ocurriendo actualmente en Europa es una oleada antioccidental y extremadamente violenta que pretende colonizar al Viejo Continente, desde Francia, Bélgica, Holanda, Alemania y Andaluz, dando origen a lo que ellos llaman el Gran Califato. La cosmovisión terrorista es bastante simple, virilidad para los hombres, sumisión para las mujeres y un acuerdo de mafias sustentado en el Mahoma del 600, conformando de hecho un estado teocrático con acceso a la modernidad militar que facilita el dinero.

Italia tampoco ha estado ausente de estas operaciones de desestabilización, democratización y ruina que quiso forzar en su momento el canciller Giulio Andreotti proponiendo sutilmente la formación de un nuevo estado nacional que se llamaría Estado Libre del Sahara Occidental. En el plano táctico las operaciones fueron fueron desarrolladas por el subsecretario de Relaciones Exteriores de la Democracia Cristiana peninsular Franco Foschi y la sociedad Salvatori Mundi. Al frente de la misma se encontraba el doctor Elio Sachetto veronese, el ex capitán de carabineros Di Chillo y un periodista, ex paracaidista militar, que trabajaba para Il resto del Carlino y para el Osservatore Político, dirigido por el asesinado Mino Pecorelli. Encima de todo esto se encontraba la organización mafiosa pugliese Sacra Corona Unita. La organización, casi un prototipo de una aventura colonial pergeñada en el barrio de Parioli, contaba con el apoyo del ala izquierda de la Democracia Cristiana dirigida por Ciriaco de Mita y algunos sectores del Partido Socialista liderados por Bettino Craxi, quien falleció en Túnez sin ser extraditado mínimamente por bancarrotas varias.

Este proyecto diseñaba uniformes, distribuía pasaportes con ciudadanía del inexistente Estado Libre del Sahara Occidental pero nunca tuvo la capacidad de desplegar un verdadero ejército y mucho menos establecer células durmientes en la zona. El factor de financiamiento limpio era la Fiat, cuyo 7% del capital accionario se encontraba en manos del coronel Kadafi hasta que la familia Agnelli resolvió desprenderse de ese incómodo huésped. Pero el verdadero objetivo de este grupo partía de Suiza y Viena.

Con el despliegue del Eurotron las empresas que trabajaban en material nuclear necesitaban un basurero en el desierto para instalar sus deshechos radioactivos a bajo costo más allá de sus derivaciones altamente contaminantes. Toda la operación fue tenuemente desarticulada por los servicios secretos suizos y básicamente españoles que querían preservar sus posiciones en Ceuta y Melilla. Al respecto Marruecos proporcionó ayuda sobre el terreno.

La guerra que sufre en la actualidad Europa es una consecuencia de los efectos de contragolpe llevados por Rusia en Afghanistán, hasta su repliegue, y las irresponsables aventuras norteamericanas y británicas en el Levante. Esta situación será larga a menos que actores árabes económicamente fuertes e institucionalmente sólidos, como Arabia Saudí y Egipto, resuelvan deshacerse simplemente de Isis antes de que el absceso se convierta en un cáncer que a su vez genere, y ya lo está haciendo, una enérgica reacción del nacionalismo europeo.

Lo que nos ha llevado a la situación actual tiene más de un siglo y es producto de la desintegración del Imperio Otomano. Esta es la realidad que como un juego de espejos se entrecruza en el néctar de la memoria árabe y que nos ha conducido derechamente a embestirnos con las fauces del Isis.

La mejor forma de conducir esta guerra no será sólo a través de tropas entrenadas, y los franceses las tienen desde la época de la Legión Extranjera, sino simplemente por medio de acuerdos entre los bancos suizos, las sociedades de seguros suizas y los fideicomisos helvéticos que muy pronto entenderán que la vitrina llamada la dulce Francia es demasiado seria, antigua y responsable como para ser destruida por un puñado de adolescentes islámicos medianamente narcotizados y, desde luego, sumamente fanatizados.

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