LA FUGA DE LOS LANATTA Y SCHILLACI, ENTRE LO VEROSÍMIL Y LA REALIDAD. Por Edgardo Arrivillaga.

Publicado en 01/12,2016

El final y consecuencias de la fuga y captura de los Lanatta y Schillaci recuerdan a un film de ese excelente director de cine japonés Akiro Kurosawa, otrora comunista, y ahora, como todos, simplemente reconvertido a la economía social de mercado.
Es necesario deshojar este campo de cebollas minado por versiones y contraversiones y una absoluta incapacidad de gestión, en gran parte por culpa de la ministra Patricia Bullrich y el pasante Burzaco, para entender un poco la línea secuencial de los acontecimientos. Partiendo de la base de la instalación del narco Estado en la Argentina y sus previsibles contactos con el cartel mejicano de Sinaloa, el Gobierno debía haber emprendido una adelgazada operación de contrainteligencia ya que la inteligencia de por sí estaría en manos del narco Estado.
Lamentablemente para las almas bellas, las cosas no fueron así. Una operación de contrainteligencia se abre y se cierra con el mismo grupo de tareas y en general sirve para detectar contactos, arrestarlos, matarlos si se resisten y en general ponerlos a disposición de la Justicia. Esto no fue así porque el narco Estado no existe, puede llegar a existir, pero por el momento y afortunadamente –habida cuenta de la endeblez de nuestro sistema de Seguridad Interior heredado del kirchnerismo – la implantación del narco Estado en la Argentina es algo previsible a largo plazo, aunque poco creíble como una irrupción tan molesta como una dermatitis en un verano caluroso.
Naturalmente este grupo de tareas no se conformó porque la fuga, como lo advertimos rápidamente todos los especialistas del tema, era un escueto asunto de familia. Es evidente que los Lanatta y Schillaci fueron obligados a abandonar la inseguridad de la “prisión de seguridad” de General Alvear porque no se sentían seguros. A partir de allí comienza una desbocada tarea para lograr elementos de apoyo a través de la suegra y de la primera mujer de Lanatta y otros que van consiguiendo a medida que los elementos en presencia lo permiten.
Hasta el primer tiroteo en el retén de la localidad de Ranchos, es evidente que Martín Lanatta, cazador y experto en armas vinculado al Renar, gracias a su relación con Aníbal Fernández, demostró una sorprendente incapacidad de tiro, utilizando un FAL, fuerza de equipamiento convencional del Ejército argentino que puede disparar individualmente o bien, con un simple artilugio en la corredera, convertirse en una ametralladora y con otra pequeña modificación se le puede instalar un micro misil Energar; con todos estos elementos Martín Lanatta eligió disparar bajo y no a la cabeza. El resultado es que uno de los policías quedó gravemente herido, nada se sabe de él, la bala rebotó en sus intestinos, hígado y escroto, y la segunda policía que tuvo la presencia de ánimo de cubrirse y alentar a su propia fuerza, tiene una pierna mutilada para siempre. A esta joven le esperan trabajos administrativos, largas sesiones de rehabilitación o un simple pensionamiento anticipado.
Pero vuelvo a la pregunta inicial. ¿Porqué Martín Lanatta no disparó simplemente a la cabeza anulando las posibilidades informativas de los dos agentes y prosiguió su rally Dakar que lo condujo a la provincia de Santa Fe, donde consumaría su final en el pequeño pueblo de Cayastá?
La valija repleta con unos 100 mil dólares, probablemente una Sansonite de metal que se usa para llevar herramientas y elementos de detención criminalísticos, fue simplemente otro paso en falso. No había 100 mil dólares, y el prófugo Martín Lanatta, desnutrido y con una presión arterial incontenible, más las magulladuras que todos hemos visto sobre su ojo izquierdo y una probable fractura de mandíbula, se entregó simplemente porque su corazón no daba más.
Ahora viene otra pregunta esencial. ¿Fue realmente él quien disparó contra los policías en Ranchos o lo hizo una fuerza de seguridad que veíamos aparecer reiteradamente en este racconto?
Nutridos por la ansiedad, Patricia Bullrich, una incompetente frepasista, y, como ya lo he señalado en anteriores notas, sigue las enseñanzas de Marcelo Sain, ex director de la Escuela Nacional de Inteligencia y autor del libro El Estado Leviatán, se precipitó a colocar al presidente Macri, a la gobernadora Vidal y a la vicepresidente Michetti en una situación incómoda. El detenido era uno y no tres, con lo cual gran parte del montaje modelo Rashomon se venía abajo.
El mismo problema lo había tenido el ministro Cristián Ritondo, que me consta no quería aceptar ese cargo, cuando señaló que los detenidos estaban individualizados y cercados. Desde luego nada de esto era cierto. Al revés de lo que sostiene el abogado Pierri, Ritondo no es especialista en seguridad, jamás intervino en un comité de crisis ni en una simple toma de rehenes, y básicamente con su amigo Seisdedos se ocupaba de conseguir mobiliario y escritorios, cumpliendo tareas simplemente de logística interna. “Es un hombre brillante”, me señaló un allegado a Miguel Angel Toma, hombre vinculado a la CIA por aquellos tiempos, y esto provocó inevitablemente mi pregunta: ¿Brillante en qué, ya que es un simple cebador de mates para un intendente de la provincia de Buenos Aires? Pero Ritondo se ha pulido, su trabajo en la Legislatura ha sido eficaz, por eso mismo era renuente a lidiar con asesinatos, secuestros y adolescentes empastados por la droga en la dilatada provincia argentina más grande que Italia, Francia y Suiza juntas.
La segunda etapa del rally Dakar emprendida por Schillaci y el otro hermano Lanatta los lleva a la pequeña ciudad turística de Helvecia. También allí buscan refugio entre los arrozales para luego guarecerse en un aserradero que ya había sido señalado dos veces por la Secretaría de Inteligencia del Estado como posible aguantadero de los prófugos. Pero nuevamente aquí se revela el carácter casero de la operación que apuntaba claramente al Paraguay, ya sea por vía fluvial o terrestre, ya que sólo 1.100 kilómetros los separaban de la frontera. Si tenemos en cuenta los datos de la Cámara Argentina del Automotor, sólo bastan dos conductores rotándose para hacer ese recorrido. No hubiera sido imposible, de no ser por una serie de circunstancias fortuitas. En primer lugar, la falta de logística, de agua, de gasolina y de productos salados que les permitieran sobreponerse a un estado de desesperación en que los había sumido la captura de su comandante táctico de operaciones Martín Lanatta.
La estrategia del Gobierno, y nuevamente debo referirme en términos pocos laudatorios a la periodista Bullrich, se tradujo no sólo en la falta de conjuntez de las fuerzas, hemos visto el mismo problema en Malvinas, sino en la absoluta saturación de grupos de la Gendarmería Nacional, la Prefectura Naval, la Policía Federal, los grupos TOE, las fuerzas aerotransportadas y toda la policía santafecina actuando individualmente, sin programa de conjuntez alguna y librando cada uno de ellos su propia guerra. Un elemento interesante es que el camouflage de los móviles y hasta los uniformes utilizados que pertenecían a falsas unidades de la Gendarmería Nacional. Es un dato sospechoso.
El segundo dato es la aparición de un ingeniero cordobés que aparentemente habría sido secuestrado y trasladado a su departamento en la capital santafecina a sólo cinco cuadras de la Secretaría de Seguridad Interior de la provincia. Allí los huéspedes cambiaron su fisonomía y se abastecieron de algunos alimentos, sobreviviendo un par de días con cierta posibilidad de descanso. Curiosamente ningún medio argentino se ocupó de entrevistarlo. Si lo hubieran hecho habrían descubierto que únicamente dos laboratorios que se especializan en pesticidas y cuidado de los cultivos, entre ellos los arroceros, operan en la Argentina. Uno de ellos es Pferingher y el otro, Bayer. Pues bien, el desconocido ingeniero cordobés trabaja para Bayer que casualmente está preparando la venta de un poderoso antihistamínico que exige, también casualmente, dosis superiores a la efedrina, usualmente importada.
Este desorden represivo e ineficaz se quebró por dos señalizaciones de la Secretaría de Inteligencia que hizo volver a los policías al aserradero en cuestión donde ya los fugados, o escapados como dicen sus ocho abogados, habían secuestrado a un pequeño administrador que había sido advertido por su jefe de vacaciones en el Brasil que los delincuentes podrían estar en el lugar; previamente, su mujer le había sugerido que no llevara su camioneta 4 por 4 y utilizara su moto, ya que podrían secuestrarlo y tal vez matarlo para luego seguir su raid hacia el Paraguay.
Este cronista tomó un mapa, cosa que los medios de comunicación argentinos no habían logrado encontrar, y con un compás y un simple tiralíneas determinó que el punto final era el Paraguay, posteriormente Brasil y de allí cualquier país en donde pudieran encontrar algún mínimo de protección.
En el ínterin, el operativo de saturación, todos juntitos y ninguno sin saber qué hacer, mostraba imágenes desopilantes como policías de 130 kilos en simples ojotas, munidos de pistolitas calibre 22, proseguían la búsqueda. Las fuerzas de seguridad usaban desde FAL hasta escopetas, pistolas Versa, pistolas calibre 22 y cuanto material se encontraba a mano con capacidad de disparar. Es sólo un milagro que no se hayan matado entre ellos o eliminado sin vueltas, como se dice en la jerga, a un par de civiles sin preocuparse demasiado por las consecuencias.
Casualmente el comisario Papini entró en el aserradero y encontró el estado paupérrimo en que se hallaban los fugados, de modo que rápidamente los redujo y llamó a sus compañeros de la policía para neutralizar la amenaza.
Esta vez el traslado a la Ciudad de Buenos Aires se hizo en un simple vuelo al Aeroparque Jorge Newbery y se evitaron esas penosas imágenes de Martín Lanatta esposado custodiado por un semicírculo de gendarmes de los cuales, se precisó, se habían tomado los análisis de sangre para ver si eran compatibles con los del detenido en el caso de que se hubiese producido un atentado modelo Oswald y consecuentemente Ruby. Mientras tanto la ministra Bullrich esbozó la teoría de la desinformación, apuntando a la rabiosa kirchnerista Gils Carbó y a una presunta falta de colaboración de la policía de Santa Fe. ¿Cuál sería el objetivo de estas desinformaciones? Simplemente dar tiempo a los fugados para alcanzar la frontera.
Más allá de los espumarajos de rabia del kirchnerismo militante, el operativo de saturación había tenido éxito; pero para evitar cometer nuevamente pasos en falso, tanto el presidente Macri como la vicepresidente Michetti y la gobernadora Vidal evitaron twitear su saludo de apoyo a la conjuntez de las fuerzas de seguridad que nunca había existido.
Como ya he dicho saturación es lo contrario de contrainteligencia. Toda esta incapacidad se la debemos a la ex informante de la Armada Nilda Garré, una absoluta irresponsable que dió instrucciones precisas a la seguridad perimetral del Ejército argentino de no responder ningún intento de copamiento y simplemente llamar a la policía. Díficil encontrar un grado de incapacidad más grande.
Ahora Patricia Bullrich se encuentra abocada a la tarea de redactar un voluminoso informe para elevar al presidente Macri infestado de sus paranoicas preocupaciones; quizá Marcelo Sain colabore en su redacción.
La conclusión de esta historia que sinteticé en la medida de lo posible es que el presidente Macri se verá obligado a convocar a las fuerzas políticas para un pacto tanto contra la corrupción, esta bandera reemplazará a la ya oxidada de los Derechos Humanos, como contra el narcotráfico. Esto obligará a hacer compras selectivas a las distintas fuerzas de seguridad para munirse de armamento moderno, pistolas Lock, miras infrarrojas, chalecos Keblar y cuanto otro mecanismo sea necesario para equipar a las fuerzas que deben ser utilizadas con criterio de escalonamiento. Primero la policía vecinal, luego la provincial y finalmente las fuerzas federales.
Naturalmente que los problemas argentinos no pasan por esta fuga doméstica, sino por problemas atinentes a la macroeconomía. Pero no debemos llamarnos a engaño. Esta partida de dinero será agresivamente disputada entre las distintas fuerzas de seguridad que reclamarán no sólo la modernización sino también sus retornos. Efectivamente la partidocracia no es la mejor solución para resolver este tipo de problemas.
Con respecto al cartel de Sinaloa la única persona realmente importante es el señor Pérez Corradi. Este hombre, que maneja una fortuna de varios centenares de miles de dólares es la única persona que podría haber decidido incinerar al jactancioso Aníbal Fernández, cuya desesperación lo lleva a diseminar pescado podrido atancando irresponsablemnte a los medios, inventando negociaciones secretas inexistentes y sin entender que él tambien puede ser un elemento desechable. Un pescado podrido más.
Pero como decía Goethe, entre lo verosímil y la realidad los puebles tienden a quedarse con lo verosímil.


Comentarios

Añadir Comentario