¿EL PAPA FRANCISCO ES RELMENTE ANTISEMITA? Por Edgardo Arrivillaga.

Publicado en 01/18,2016


Los hechos son bastante curiosos. El jesuíta venia a limpiar los establos de augias de la Iglesia Católica Romana, pero salvo algún trabajo de mampostería y maquillaje el buen pastor no ha conseguido nada de nada. Pero es en razón de la incomprensión de los fenómenos psicosociales que ocurren en su propio país su ineficacia es sorprendente. El hombre no tiene el nacionalismo polaco de Wojtyla ni la profundidad teológica de Ratzinger.
Pero las dos gaffes más importantes las ha creado en su propio país. Primero no quería recibir a Sergio Massa por una oscura complicidad jamás demostrada del lavado de dinero en el Nordelta. El segundo portazo lo recibió el presidente Macri cuando el Vaticano le informó que la Santa Sede no se obstinaba en invitarlo a visitar al Pontífice en su viaje a Davos. Toda la Argentina sabe que el ex asesor espiritual de Guardia de Hierro no tiene demasiada simpatía por el capitalismo financiero y que por el contrario su candidato in pectore era Daniel Scioli. Por lo tanto, los problemas de Francisco son con una intermediación financiera, el antiperonismo en cualquiera de sus variables y el corrosivo olor de la sinarquía internacional.
Este Papa también parece haber agotado todas sus municiones. Incluso aquellas necesarias para defender a los candidatos que proponen y vencen en su propia Patria. Esta alquimia jesuítica apostaba a instalar a Julián Domínguez, ex movilizado de la Guerra de Malvinas, en la línea de sucesión con la complicidad de esos miserables brokers que se aglutinan bajo la denominación de Guardia de Hierro, algunos de ellos con espadín incluído aunque no sepan manejar ni sable, ni espada, ni florete.
Manolito, un rídiculo personaje de Mafalda, me ataca sin entender muy bien que lo puedo incinerar con dos simples hechos que demuestran su falta de energía testicular. Una cena en el restaurant El general es uno de ellos, y todos saben cuánto me costó revivir a Alicia y con ayuda policial meterla en una ambulancia en dirección al nosocomio más próximo. Entre tanto Manolito vacilaba y no era exactamente Moby Dick. Pero ese es un hecho doméstico, un entramado menor en una mayéutica mayor.
El Papa es simpático, es sumamente eficiente para laudar en conflictos en Siria, Libia y el Cuerno de Africa pero no tiene la energía de encarar los problemas centrales que se dirimen en su propia Patria. Esencialmente es un cura tercer mundista y, por lo tanto, un vicario transitorio. Los que tenemos cierta memoria recordamos justamente la obra El Vicario, escrita por un alemán, Rolf Hochhuth, y curiosamente hizo estragos en la cultura occidental de la época.
También Bergoglio es transicional y su senilidad, como esa región más transparente de la lucidez, no le augura un buen futuro.



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